A mí lo que me gusta es la aventura”, dice la celebrity chef Ingrid Hoffmann quien, seguida de cerca por Ocean Drive Español, organizó un fabuloso día de campo en el Rancho Camino Real. En un ambiente chic ecuestre, ella recibió a un grupo de amigos que incluyó al diseñador René Ruiz, la propietaria de la boutique Oyuki, Joyce Chehebar; la columnista social y estrella de El círculo, Ana Remos; la ejecutiva de Telemundo Esperanza Garay, y el empresario y man about town de Miami, Lolo Sudarsky.
El evento fue “puro Hoffmann”, con diversión al aire libre, paseos a caballo, refrescantes ríos de "Guanábana Mojitos", un exquisito menú –que incluyó empanadas de chorizo, churrascos, mazorcas de maíz y sabrosas ensaladas– y, por supuesto, una conversación ágil y variada que cubrió desde las ventajas de Facebook (Ingrid acepta a cualquiera que desee ser su amigo) a las últimas modas de la alfombra roja. Todos aman a Miami, dijeron, una ciudad cuyo clima y sabor permite disfrutar de cenas al fresco y reuniones con amigos durante todo el año. Todos disfrutan de la gastronomía y el buen vino... y todos adoran las invitaciones de Ingrid, que un día puede organizar un picnic en un rancho ecuestre y al siguiente un paseo en bicicleta por el parque de la bahía de Biscayne, sin dejar jamás de sorprender por su originalidad.
“Antes hacía unas cenas bien fru-frú, elegantes y complicadas”, dice la anfitriona, “pero me he dado cuenta de que mientras más sencillas hagas las cosas, más las disfrutan tus invitados. Lo importante es hacerlo con estilo, simpleza y calidez. Cuando organizas una velada demasiado elegante, con veinte mil cubiertos en la mesa, todo el mundo se pone tieso. Hay ocasiones que se prestan para esa formalidad, pero en lo personal prefiero algo más divertido”.
Quizás sea su personalidad burbujeante como una copa de champán y su adorable sencillez lo que ha seducido a sus millones de admiradores.
Después de dedicarse durante años al negocio de la moda y a su propio restaurante, esta colombiana radicada en Miami se ha convertido en la “diva doméstica latina”, una personalidad del mundo culinario con dos exitosos programas de televisión –en Galavisión/ Unívisión y en el Food Network– y un best-seller, Simply Delicioso, que será lanzado en español este mes.
Ingrid trabaja, y duro. Pero viéndola el día de este almuerzo, coqueta y relajada junto a sus invitados, cualquiera pensaría que es el tipo de mujer que no tiene una preocupación que vaya mas allá de mantener helado su Mojito.
“Si no me divierto con mi trabajo, no tendría sentido hacerlo”, dice entre risas. “Por eso quise hacer este evento en una finca, donde todos pudieran pasarla bien y relajarse. Le dije a los invitados que vinieran con jeans, con algodoncito para el calor, y que estuvieran preparados para la aventura. Todos son mis amigos y sabía que eran personas que no se iban a complicar por el calor o los mosquitos. ¡No sabes cómo se han divertido! Al final del día ya me estaban pidiendo que organizáramos otra fiesta”.
Mientras cualquier otra anfitriona habría terminado convertida en un atado de nervios frente a la idea de recibir a algunos de los personajes más chic e influyentes de la ciudad, Ingrid enfrentó el reto con envidiable naturalidad. “La verdad es que puedo hacer esto a ojos cerrados”, asegura. “Aquí te voy a dar un secreto del buen entertaining: haz las cosas por adelantado. Comienza a cocinar con horas de anticipación y elige recetas sencillas con ingredientes frescos que mantengan el sabor. Compra las flores tres días antes, para que estén florecidas el día de la fiesta. Piensa en un tema y, según eso, organiza toda la decoración. Si estás bien preparada, durante el evento no estarás condenada a ser mesera ni cocinera y podrás disfrutar la compañía de tus invitados. Esa es la clave de una buena anfitriona”.
Aunque, sin duda, Ingrid se divirtió durante este encuentro, sus momentos favoritos –y esto puede parecer una sorpresa– no incluyen una cámara. “Si no tengo fotógrafos o camarógrafos alrededor, lo gozo mucho más, porque puedo relajarme totalmente”, confiesa. “No hay reglas, no hay nadie mirando. La diversión, para mí, viene de las experiencias. Yo prefiero un plan bien chévere y relajado a una cena en un restaurante, por muy elegante que sea, donde una va toda maquillada, toda entaconada, a hablar de las mismas bobadas”.
Hay quienes la llaman la “Martha Stewart latina”, pero Ingrid, que como Martha ha construido su propio emporio a punta de ollas y sartenes, asegura que entre ambas hay muchas diferencias. “Martha es la mujer perfecta, la ama de casa impecable, algo que yo jamás podría ser aunque lo quisiera. Yo enfrento la vida por otro lado. Me gusta divertirme y mi trabajo es una excusa para crear experiencias que sean agradables, no estresantes. Tengo más interés en vivir aventuras que en convertirme en una gurú doméstica. La gente se da cuenta de que soy una gozona y que me la paso chispeando. La vida es muy corta, hay que disfrutarla y para mí no hay mayor placer que comer y beber. Por eso he planeado mi vida alrededor de eso”.
Quien la vea en sus shows de televisión o firmando libros en algún Barnes & Noble, montada en vertiginosos tacos y con escotes que han llamado la atención de más de un crítico, se dará cuenta de que el glamour y la femineidad son recetas bien conocidas por esta chef. Pero no hay que engañarse. El apetito de la chef es abundante.
“Así como me ves, delgada y chiquita, como igual que un hombre”, asegura sin una gota de pretensión. “Tengo obsesión por la comida, igual que mis hermanas. No todas cocinamos, ¡pero, por Dios, cómo comemos!”
Admiradores no le faltan, pero como todo en la vida, la chef se toma el romance con una pizca de sal y pimienta. “¿Salgo en citas? ¡Por supuesto! No es fácil salir conmigo, pero es divertido. Nunca paso demasiado tiempo en un solo lugar, así que no hay lugar para que ellos se aburran conmigo ni para que yo me aburra con ellos. Comen bien, beben bien y no tienen jamás un momento abu-rrido. Es una buena receta”.
Ingrid no hace gran diferencia entre su vida privada y la pública. Todo, al final de cuentas, termina en el mismo horno. “Yo hablo de comida todo el tiempo”, asegura. “Me reúno con mis amigas y siempre terminamos hablando de lo que comimos la noche anterior. Yo hago mis food confessions, contando con cierta culpabilidad que me devoré tal o cual plato. Es algo que no puedo evitar. Gracias a Dios tengo un estupendo metabolismo, herencia de mi padre y de mi madre”.
Estas “confesiones” podrían parecer extrañas en un país que, como Estados Unidos, sufre una epidemia de obesidad. “Siempre digo que todo el mundo debería cocinar, para que sepan lo que están comiendo. Los americanos de nuestra ge-neración crecieron con la comida industrial, todos esos alimentos en cajas y latas que han devorado durante los últimos 30 años. Eso es algo que en Latinoamérica no existía. Allí la comida era fresca, del día, sin tecnologías incorporadas, y eso es algo que hay que rescatar”.
Ella ha cruzado, con gran talento y genuina curiosidad, el frágil puente que une las dos cocinas. “Tengo muy claro que el mercado latino y el americano son muy distintos”, dice. “La mujer latina quiere ser la diosa del hogar aunque tenga pocos recursos. La americana, en cambio, necesita eficiencia y rapidez”.
Si la tarea se le hace pesada, no se nota. Ahí queda Ingrid, eternamente impecable y con una sonrisa en su rostro. “Si yo hubiera querido diseñar mi vida, no podría haberlo hecho tan bien”, dice. “Mi trabajo es una mezcla de todas mis pasiones –cocina, moda, decoración– y lo disfruto enormemente. Pero todo fue casi por accidente. Se me fueron abriendo puertas y las crucé... Y aquí estoy, 10 años después. Ha sido una serie de afortunadas coincidencias”.
Y esta buena vibra que siempre la persigue estuvo presente en este día picture-perfect de diversión, amigos, Mojitos, caballos y un churrasco al mejor estilo Hoffmann.
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Los amigos: Esperanza Garay, René Ruiz, Ana Remos, Joyce Chehebar, Ingrid Hoffmann y LoloSudarsky. |
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